El auge de lo vintage abrió una nueva puerta para quienes se dedican a recuperar y darles una nueva oportunidad a los objetos del pasado. Los integrantes del emprendimiento Kairos descubieron que existe un público cada vez más interesado en piezas antiguas no necesariamente por su valor histórico, sino por su estética. Una persona puede comprar un reloj que no funciona, una vajilla antigua o un pequeño adorno simplemente porque quiere incorporarlo a la decoración de su casa, detallan.

La ropa también comenzó a formar parte de ese circuito. Algunas personas buscan prendas vintage para utilizarlas tal como están; otras las intervienen y las transforman para crear algo nuevo a partir de materiales existentes.

El fenómeno también aparece entre los jóvenes. En Kairos se sorprendieron por la cantidad de adolescentes que se acercan a mirar y a comprar en las ferias. No llegan necesariamente buscando una antigüedad para conservar como objeto decorativo: muchas veces quieren usarla, experimentar con ella o incorporarla a su propia identidad.

Del duelo al “showroom vintage”: qué pasa con los objetos cuando una familia vacía una casa

En el trabajo cotidiano de Kairos aparece, además, una dimensión menos evidente: la relación entre los objetos, la atención y el bienestar. Mirar una moneda, observar una estampilla, detenerse en los detalles de una pieza o investigar de dónde proviene un objeto obliga a concentrarse durante un rato en una sola cosa.

Los integrantes del emprendimiento lo describen como una suerte de “meditación activa”: una forma de detenerse, mirar y enfocar la atención.

No todos los que van a las ferias lo hacen para comprar. Muchos simplemente se quedan mirando, preguntando, recordando o contando historias.

Una máquina de escribir puede convertirse en una conversación entre un abuelo y un nieto. Un teléfono antiguo puede disparar recuerdos familiares. Una postal puede despertar curiosidad sobre un país que alguien nunca visitó.

En ese sentido, la feria se convierte en mucho más que un espacio comercial.

Uno de los principales problemas que encontró el emprendimiento está relacionado con los libros. Cuando una familia tiene cientos o miles de ejemplares y quiere donarlos, la intención puede ser excelente, pero el proceso requiere tiempo, clasificación, inventario, traslado y encontrar una institución que realmente pueda recibirlos. Por eso, cuando existe una urgencia por desocupar una vivienda, ea tarea se vuelve particularmente compleja.

Entre la estética vintage y la necesidad de refrescarse, el abanico pisa fuerte otra vez

La idea es que el último eslabón sean los recicladores urbano. Pero muchas veces lo son. Ellos se llevan materiales que todavía pueden recuperar: metales, electrodomésticos, papeles, objetos que pueden desarmarse y venderse por partes.